Adrián Henríquez, escritor cubano, está renovando el género tecno-thriller con personajes y sabor latino. Su segunda novela AL RESCATE DE IRINA sale a la venta el 15 de febrero en Amazon, aunque ya está disponible a precio de preventa.

TECNO-THRILLER CON SABOR LATINO

El tecno-thriller es un género eminentemente anglosajón, pero Henríquez está cansado que los super espías sean americanos o europeos. “Estoy creando novelas con un alto contenido de acción, erotismo y suspenso, pero con personajes latinoamericanos” nos dice.

En una entrevista exclusiva a Eriginal Books Adrián Henríquez comenta acerca deL tecno-thriller AL RESCATE DE IRINA, novela que en preventa ya se montó en las listas de bestsellers de Amazon en la categoría de Acción y aventura, y Misterio y suspense.


ENTREVISTA CON ADRIÁN HENRÍQUEZ, AUTOR DEL TECNO-THRILLER “AL RESCATE DE IRINA”

¿AL RESCATE DE IRINA es una novela de aventura, suspense, erótica o romántica?

Es una mezcla de todo. Yo escribo tecno thrillers con un alto contenido de acción, aventura y sexo. Sin dudas el romance no puede faltar. En esta novela cuento como una prostituta de las altas esferas cubanas (amante de coroneles y generales), intenta escapar de ese mundo para llegar a los Estados Unidos. Aunque el resultado es que sale del aceite para caer al fuego.

Capturada en México por el cártel del Golfo, es enviada a un prostíbulo de lujo…

A su rescate envían a Sodoma (uno de los asesinos más temidos en Latinoamérica), aunque como parte de la trama, este nuevo personaje tiene sus traumas.

¿De donde sacas las ideas para este tipo de tramas?

Bueno, soy un amante de las armas de fuego, los cuchillos tácticos y de la MMA (Artes Marciales Mixtas), toda esa pasión me encanta ponerla en mis libros.

Quizás el éxito que tuvo la primera parte (A la captura del Shadowboy), se deba a que estoy intentado crear novelas con personajes parecidos a los famosos Jason Bourne, Mitch Rapp, Jack Ryan… la diferencia con estos últimos es que los míos son latinos, cosa poco común, por no decir imposible. Ya que estos súper espías, agentes entrenados en el arte de matar cuerpo a cuerpo o usando cualquier tipo de armas siempre han sido americanos o europeos. Pues bien, de eso se trata, estoy creando novelas con un alto contenido de acción, erotismo y suspenso, pero con personajes latinoamericanos.

Hay evidencias que Cuba ha mantenido vínculos con los narcos de Colombia, y más recientemente con el cártel de los Soles. ¿Es una licencia literaria la relación de Cuba con los narcos mexicanos?

Desde mi humilde punto de vista creo que hay que ser demasiado ingenuo para no creer que Cuba haya tenido, tenga, y siga teniendo lazos con todas las ramificaciones del mercado negro latinoamericano. Con esto me refiero al tráfico de drogas, armas, sexo… No creo que exista un solo país en el mundo que no tenga vínculos con el mercado negro internacional.

Parte de la trama, del por qué tantas personas están interesadas en capturar a Irina, o rescatarla es debido a la información que está posee. Como amante de generales y coroneles, la joven conoce la alianza que se llevará a cabo entre un general cubano y altos miembros de los cárteles latinoamericanos. Esa es una de las tramas de la novela. Como Colombia le pasa drogas y armas al cártel de los Soles y estos coordinados desde Cuba la pasan por diferentes vías hacia Centro América.

Con esta serie de novelas mi intención es crear una saga, un universo al estilo Tom Clancy pero en donde los protagónicos no sean americanos o europeos que van a Latinoamérica a resolver el conflicto, y como siempre pasa el latino es el jefe del cártel, el malo que al final hay que matar.

¿Has visitado México? ¿Cómo te las arreglaste para escribir con los modismos de los mexicanos?

Sí, he visitado México en dos ocasiones. La primera fue para cruzar la frontera y la segunda de vacaciones en Cancún. Un país hermoso, con unas personas súper amables.

Con respecto a las frases y términos usados por los mexicanos, solo use palabras necesarias, ya que la mayoría de las partes las narro desde el punto de vista de Irina, quien habla como cubana.

¿Por qué el nombre Irina –es un nombre ruso– para tu protagonista, y no alguno de los nombres tan comunes de la generación Y?

Mira, Irina existe, es una joven que conocí y que por cosas de la vida (trágicas), tomó la decisión de prostituirse. Le modifique el nombre y por eso no usé uno con la famosa Y de toda una generación de cubanos. Para crear esta historia solo me inspiré en algunos aspectos reales de su vida, el resto es producto de mi imaginación.

Tu primera novela A la captura del Shadowboy fue un bestseller de los Top 100 de Amazon y recibió muy buenos comentarios de los lectores, algo difícil de lograr para un autor novel. Sin embargo, hubo algunas críticas a los personajes femeninos ¿crees que Irina es un buen personaje?

Me encantan estas preguntas. Sí, sin dudas Irina es el personaje femenino que más llamó la atención y como en la primera parte su historia quedó inconclusa, muchos lectores me escribieron pidiéndome que aclarara que pasó con ella. De ahí que saliera esta parte.

Las críticas a los personajes femeninos, entre otras cosas, se referían al alto contenido sexual de la novela. Y como los cubanos lo resuelven todo con sexo. Esto podría causarles risas a personas de otros países que lean esta entrevista. Pero si realmente quieres escribir una novela de Cuba, y mostrarla tal y como es tienes que verla desde el punto de vista de los cubanos de mi generación, y creo que de las anteriores también (que hayan vivido hasta el 2010, solo por poner una fecha), no es un misterio que en Cuba las primeras relaciones sexuales se tienen prácticamente desde los 12 años. El sexo en Cuba es parte del día a día de los cubanos. Hay toda una cultura alrededor del tema, no por gusto es uno de los países con mayor turismo sexual de Latinoamérica.

¿Quieres decir que hay que leer la primera novela -A la captura del Shadowboy- antes de leer Al rescate de Irina?

No… Para nada, pueden leerse de manera independiente y esa es la idea de lo que estoy intentando hacer: usar personajes de la primera novela… Lo cual no significa que deban leerse en orden.

¿Siempre estará Cuba integrada en las historias de tus novelas?

Sí, uno de mis profesores, que en paz descanse, Agustín de Rojas, me enseñó que uno debe escribir de lo que sabe, y si no lo sabes, pues que sea de ciencia ficción y así puedes crear las reglas a tu antojo.

Por eso todas mis novelas siempre van a estar relacionadas con Cuba. Es el mundo que conozco, sus mercados negros, sus negocios de piraterías, sus calles, su música, su cultura, su idioma… Soy orgullosamente cubano y me gusta escribir de las realidades que se viven en mi país.

Muchas gracias Adrián. Y para los lectores que no quieran perder esta oportunidad de preventa aquí dejo el enlace del tecno-thriller con sabor latino AL RESCATE DE IRINA.

EN EXCLUSIVA PARA ERIGINAL BOOKS:
EL PRIMER CAPÍTULO DEL TECNOTHRILLER “AL RESCATE DE IRINA”

Capítulo 1 Necesidad de aliados

Veracruz, México

Tres autos Nissan Armada se desplazaban a toda velocidad por las calles menos transitadas de Veracruz. Sus conductores iban mirando constantemente los modernísimos Sistemas de Posicionamiento Global incorporados a los autos. Los GPS no cumplían la función de guiarlos por entre las calles (todos conocían perfectamente la zona), solo les servían para tener de antemano trazadas las rutas programadas como vías de escape en caso de algún contratiempo.

En este negocio, para sus tripulantes, contratiempo no significaba demoras por el tráfico, detenerse ante un autobús escolar o cosas por el estilo. No, contratiempo era una emboscada que debían evitar a toda costa…, para eso les pagaban. Tener una ruta segura (con cuatro vías de escape para ser más específicos), y un convoy que los protegiera, eran características que identificaba a Felipe Montero, el señor de la droga en Veracruz. Gracias a su excesiva precaución ni la DEA ni la Interpol, ni aun la CIA lograban atraparlo a pesar de las tantas emboscadas que le habían tendido.

***

Felipe Montero era uno de los más conocido patrones del cártel del Golfo en Veracruz, El Maestro del dinero, como solían llamarlo. Dentro de la gigantesca organización, su función principal era la de lavar los millones de dólares que entraban anualmente. Otro miembro del cártel se encargaba del abastecimiento y transporte de la droga que llegaba desde Venezuela, Cuba, Guatemala y Colombia. La venta de drogas en los Estados Unidos es uno de los mejores negocios establecidos y más rentables en la historia de ese país, y Felipe, como cualquier narcotraficante, lo sabía demasiado bien. Los ingresos que reportan la venta de la bien llamada nieve latinoamericana superan cada año los treinta mil millones de dólares. De ahí que las ganancias se depositen en algún lugar.

Felipe, con un doctorado en economía otorgado por la universidad de Yale, era quizás el narcotraficante más cauteloso del momento. Estaba consciente de que para sobrevivir en ese negocio lo principal son los lucros que genera. Una de las frases tatuadas en la mente de cualquier económico es que el dinero siempre debe moverse. Tener propiedades fáciles de vender para invertir constantemente, asimismo seducir a nuevos compradores. Por eso, para controlar además todos los mercados, se encargaba personalmente del tráfico humano.

***

Contaba con casas para hospedar a hermosísimas muchachas, que luego convertía en esclavas sexuales. Jóvenes traídas de todos los rincones latinoamericanos; sus “esclavas” ascendían a más de quince mil mujeres (solamente en México, pues las que vendía para Europa constituían cifras similares). Estas jóvenes eran distribuidas por todo el territorio donde operaba el cártel, desde Matamoros (cede del cártel del Golfo, o CDG como lo abreviaron los norteamericanos), pasando por Tamaulipas, Coahuila, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Veracruz.

Solo en Veracruz —su propio territorio—, contaba con más de tres mil mujeres sumidas en el negocio de la prostitución forzada. Ya nadie ponía en dudas que el segundo business que más dinero podía reportar después de la droga en México, era este, el de la explotación sexual. Montero, al igual que la legendaria Matilde Manukyan (la reconocida magnate de los prostíbulos turcos), invertía las millonarias ganancias de sus esclavas en el negocio de bienes raíces, al punto de lograr poseer ocho hoteles en Cancún; tres, en Punta Cana; e incluso, uno en Cuba. Tanto los hoteles, restaurantes, discotecas como los apartamentos de lujo que alquilaba formaban parte de una gigantesca red especializada en el lavado internacional de dinero. He ahí el problema de los grandes narcos, ¿cómo hacer para no ser descubiertas sus grandes sumas de dinero?

—Todo va bien, mejor de lo que habíamos pensado. —le dijo Hernández, lugarteniente de Montero, al capo—. El cargamento pasó la frontera sin problemas, esta misma noche comenzarán a moverlo. Esa es la buena noticia.

—¿Y las armas?

Montero abrió uno de los compartimientos del auto y sacó una caja de tabacos Cohíbas Edición Limitada. Le prendió fuego a uno y se extasió por unos instantes su aroma.

—No, nada. Tenemos suficientes AK-47 como para declararle la guerra a todo México, además, los turcos nos pasaron buenos rifles pesados de infantería. Balas y municiones nos sobran, pero no conseguimos los RPG, quizás para el mes que viene, es solo cuestión de tiempo.

Hernández dio un puñetazo contra la ventana para tragarse exactamente lo que estaba pensando.

—¡Debiste haber aceptado el trato con los cubanos!

—¡Y una chingada los cubanos! Si a esos hijos de puta le das un dedo te arrancan la mano. Simplemente no confió en ellos.

—Nos suministran buenos cargamentos de cubanas —se encogió de hombros su lugarteniente—, nos dejaron paso abierto para que nuestras lanchas pasen por sus costas sin ningún problema.

—Y por ello les estoy pagando una millonada, o se te olvida que mensualmente viene ese cabrón enviado de la embajada a recoger su parte.

De repente el convoy comenzó a disminuir la velocidad.

—¿Qué pasa? —preguntó Felipe con recelo.

—Nada, patrón —respondió uno de los cuatro guardaespaldas que iba en los asientos delanteros—, un camión bajando su mercancía.

Felipe miró a través del cristal polarizado.

—Tranquilo, jefe, esta es una calle demasiado ancha para una emboscada. No tenemos edificios a los lados ni autos que nos puedan cerrar el paso.

Montero asintió, aunque no muy convencido.

—Relájate, hombre, estás dentro de un tanque de guerra disfrazado de carroza —bromeó Hernández—. ¿Quién va a tener huevos para dispararte en medio de la calle?

Felipe Montero sonrió nervioso mientras soltaba una boconada de humo.

***

Montero amaba muchas cosas de México, pero lo que más le gustaba era que con dinero se podía comprar desde una aspirina hasta un drone. De hecho, él estaba sentado en uno de esos autos blindados carísimos. Tres Nissan Armada camuflados, fabricados en Canadá y reestructurados por una compañía militar, que luego se los vendió al gobierno mexicano para ser usados por diplomáticos y personalidades del gobierno. Por una buena suma los tres autos habían pasado a su flota de autos de seguridad blindados.

A pesar de que Montero viajaba en los autos más seguros de la ciudad, cada vez que se desplazaba de un lugar a otro, su helicóptero privado estaba listo para socorrerlo.

—¡A la chingada con esto! Sácame de aquí.

—Patrón…

—¡Que salgan de aquí, güevones!

—Ruta dos, repito… avancen por la ruta dos—. Ordenó el guardaespaldas al resto de los autos.

—Confirmado, ruta dos.

Los tres Nissan Armada se movieron a la vez.

***

El chofer del camión continuó bajando la mercancía. Se detuvo solo por unos segundos para sostener con el cuello su teléfono móvil.

—El Patrón va para ustedes.  

***

—Y Josefina.

Hernández enarcó las cejas antes de decir una sola palabra, pretendió abrir el mini bar en busca de una cerveza, pero a Montero no se le escapó que su lugarteniente solamente pretendía ganar tiempo en la conversación.

—Corona, Corona… mierda, no tienes aquí otra cerveza. Oh, una Modelo, ummm, ni modo, pues me tomo una Corona.

—Te pregunté por Josefina —volvió a insistir.

Hernández abrió la cerveza usando la culata de su revólver.

—La Llorona…

—¡Te juro que si la vuelves a llamar así…!

—Ok, hombre, lo siento, sabes que para mí también es como una hija, si hasta me llama tío. —El lugarteniente prefirió, ante el mal humor de su jefe, bajarse de un trago la mitad de la cerveza. Al finalizar lanzó un prolongado eructo—. ¿Qué quieres que te diga?

—La verdad, aunque me duela.

—Bien… pues, ummm, Montero, sabes que la quiero, pero tu nena está de ingreso. Los hombres la llaman la “Llorona” en honor a la leyenda, y bien que lo sabes. ¿Qué más quieres que te diga? La chava no se lo piensa dos veces para volarle la tapa de los sesos a quien le lleve la contraria—. Hernández hizo una pausa para ver el efecto que causaban sus palabras, pero Montero solo movió la cabeza de un lado a otro, como si lo que le estuviera contando no fuera la gran cosa—. Los ataques últimamente han sido más prolongados y el médico quiere subirle la dosis de medicamentos, pero ella no se los toma.

Felipe continuó negando con la cabeza, sin creer del todo que su niña, ya convertida en una mujer de negocios, hubiera empeorado en tan poco tiempo. Quizás él tuviera parte de culpa, al no estar presente para ayudarla. ¿Pero qué otras opciones le quedaban? Había tenido que pasarse tres meses en Calabria, la mismísima punta de la bota italiana, cerrando un negocio con la ‘Ndrangheta. Era una misión en la que no se podía dar el lujo de confiársela a nadie. Esos negocios de envergadura en Europa los cerraba siempre él mismo, por esas razones dejó a Hernández en México, con el propósito de que coordinara lo que él le fuera ordenando.

La ‘Ndrangheta calabresa, considerada una o la más poderosa mafia de Europa, se había puesto en contacto con él para solicitarle sus servicios. Servicios que como diría el abuelo Corleone, no podía rechazar, pues los calabreses controlaban el puerto de Gioia Tauro, por donde entraba más del ochenta por ciento de la droga que se distribuía y consumía a todo lo largo y ancho del viejo continente. Estos comepastas —como los llamó su hija en una ocasión—, obtenían ganancias anuales que superaban los cincuenta mil millones de dólares, nada menos que el 3,5 por ciento del producto interno bruto de Italia.

—Es que no debiste haber dado ese viaje —volvió a insistir Hernández, aún molesto por no haberlo invitado—. Si estuvieras más al tanto de tu hija a lo mejor, y digo, a lo mejor, las crisis no fueran tan fuertes, o por lo menos se tomaría los medicamentos.

Tal vez Hernández tenga razón, admitió Montero algo molesto por la confiancita que se había tomado su hombre de seguridad. Pero aquel negocio no lo podía posponer, no ahora que estaban en guerra abierta contra el cártel de los Zetas. Además, en el negocio de las drogas todo se resumía a números, y los números europeos eran infalibles. Un kilo de cocaína pura (de la mejor calidad elaborada en Colombia), se vendía por tres mil o cuatro mil dólares, en dependencia del vendedor…, ya que, ciertamente, podía conseguirse más barata, pero Felipe prefería mantener contentos a los colombianos. Ese mismo kilo podía venderse por dieciséis mil en México, y entre veinte y veinticinco mil en Estados Unidos. Pues bien, en Europa ese kilogramo se comercializa al doble de los Estados Unidos. No había que ser tan inteligente con los números; la respuesta era clara: necesitaban el mercado europeo.

—Pero la finca Bacanales…

—La finca es el prostíbulo más grande y famoso de Veracruz. No te voy a mentir, ni te lo voy a negar, la Lloro…, Josefina lo lleva con mano de hierro y hasta cierto punto, debido a eso la finca da buenos lucros. Pero a veces se le va la mano con las chicas —Hernández hizo una pausa para que Felipe cayera en cuenta—. Ese es el problema, ¿lo entiendes?

Montero sonrió con cierto orgullo.

—Es un negocio de putas más en este mundo demasiado promiscuo —le dijo a su viejo amigo—, con las putas a veces hay que dar castigos ejemplarizantes, tú lo sabes.

Hernández negó con la cabeza.

—Unos buenos fustazos de vez en cuando está bien, no te lo niego —el lugarteniente unió sus manos como si pidiera clemencia, lo que fuera con tal de que su amigo entendiera su punto—. Que las deje sin comer una semana, que les dé unos buenos latigazos, no sé, que se las preste a los hombres… ¡lo que sea! ¡Pero que no mate a las pinches viejas!

—¡¿Mate?!

—Ha matado, en lo que lleva de mes, a cuatro bellezas que intentaron escapar. —Por primera vez Hernández disfrutó con la reacción de su amigo. Cuando se trataba de negocios y números, Felipe dejaba sus sentimientos familiares a un lado—. Cuatro chavas que no pasaban de los diecisiete. Si se las hubiéramos vendido a los árabes, habrían sido más de cincuenta mil…

—… ya te entendí —cortó la conversación. El negocio de la droga y la prostitución dejaba buen lucro, pero había que invertir millones “comprando la rectitud” de policías, políticos, periodistas, guardias de seguridad y toda la maquinaría que permitía que los engranajes de la corrupción continuaran girando, por eso no podía botarse de una manera tan estúpida—. Hablaré con ella, no te preocupes.

Hernández levantó su cerveza a modo de rendición. No tenía caso discutir sobre la hija del Patrón; la maniática de Josefina continuaría haciendo lo que le viniera en gana por ser la consentida del jefe.

***

—Hay un cierre a dos cuadras —comunicaron del auto guía.

—Cambien a la ruta tres —ordenó el coordinador—, esta vez atentos.

A Montero le molestó que cambiaran por tercera vez, pero recordó que fue él mismo quien ordenó el primer cambio. A fin de cuentas, debió hacerle caso a su especialista en coordinación, ¿sino para qué carajos le estaba pagando?

—Felipe, los cubanos volvieron a llamar. Deberías entender que en nuestro negocio necesitamos aliados, más si son de este tipo.

¡Por Dios que lo entendiendo! Pero hay aliados y “aliados”. Créeme, Hernández, los cubanos no son la mejor opción.

—Hasta ahora nos ha ido bien sin ellos —prefirió responder.

Por fin a Hernández se le agotaron los argumentos y prefirió poner todas las cartas sobre la mesa.

—Ya las rutas no son tan seguras. Últimamente los prostíbulos dan tantos beneficios como el “polvo” y la venta de armas. —Su lugarteniente quería dejarle claro su punto de vista, y explicaciones le sobraban—. De cada cinco envíos solo llegan tres y a veces dos. El mes pasado, solo uno.

Por lo visto las cosas están peor de lo que imaginé… ¡Maldito viaje a Europa!

—¡Y entonces para qué chingadas les pagamos una fortuna a esos hijos de puta de la DEA!

—No podemos comprar a todos los gringos. Aunque no son los gringos los que nos destruyen los túneles y los envíos.

—¡Esos cabrones de Los Zetas!

Se había ausentado tres meses y por lo visto, muchas cosas habían cambiado en tan poco tiempo. ¡Increíble! De cuántas cosas, a la vez, tenía que estar pendiente. Y después el tener que aguantarse con que los narcocorridos cantaran a toda voz como los señores de la droga se la pasaban de fiestas y mujeres… ¡Y una mierda!

—Según mis informantes, ya los Zetas pactaron con el cártel de Juárez…, aunque tampoco les dieron muchas opciones —tuvo que admitir Hernández, o se unían a ellos o les arrancaban la cabeza, dicho literalmente—. Por otro lado, está lo de Guatemala, ya su presencia es demasiado fuerte. Controlan la mitad de la frontera y el ejército.

Aquella información no era nada nueva para Montero (durante su estancia en Italia sus contactos lo mantuvieron al día con respecto a esa situación), pero que su mano derecha se la confirmara, sí que lo convertía en un problema. Hasta ahora la lucha territorial entre los cárteles se basaba en eso, en una batalla a sangre y plomo por cada centímetro de territorio. Una unión entre cárteles era siempre el primer paso para una batalla realmente sangrienta… bueno, más sangrienta no podría ponerse. Lo que estaba sucediendo en Juárez era una aniquilación que permitía considerar a los miembros de Al Qaeda como simples soldaditos de plomo en el arte de descuartizar personas. Los Zetas tenían un maldito doctorado en torturas y un marketing en campañas de terror. Pero lo más alarmante era su dominio en la frontera con Guatemala.

Eso sí que es un problema gordo…

Durante años Guatemala había sido tomado como trampolín por los cárteles mexicanos. Más del setenta por ciento de la cocaína que ingresaba a México llegaba desde Guatemala. Después de todo, quizás tenga que escuchar cuál es la propuesta del general cubano, tuvo que admitir Montero.

Justo cuando doblaron por una esquina a toda velocidad, Felipe Montero escuchó un gritó que le estremeció la espina dorsal.

—¡RPG! ¡RPG! —la voz del coordinador alertó al resto del convoy—. ¡Es una emboscada

NO TE PIERDAS EL PRECIO DE PREVENTA: AL RESCATE DE IRINA

Mark Miller, otro escritor exitoso de Amazon

Cualquiera que siga la lista de bestsellers de Amazon durante este verano habrá visto un nombre no conocido: Mark Miller. Mark Miller es un nuevo autor que ha llegado a ocupar por varias semanas los primeros puestos en las listas de los libros más vendidos...

Los ojos de la muerte, de Eba Martín Muñoz

Muchos conocerán a Eba Martín por la saga Seres Malditos. Esta escritora vasca, residente en Madrid está compitiendo en el Premio Literario Amazon 2017 con el psicotriller Los ojos de la muerte, uno de los primeros títulos en alcanzar el No.1 en la...